Lo que no se cuenta cuando se habla de Ceuta

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Lo que no se cuenta cuando se habla de Ceuta

Mientras el debate público se llena de cifras y titulares de alarma, en Ceuta llevan meses trabajando quienes sostienen la acogida en el terreno. Desde CEAF creemos que ha llegado el momento de cambiar cómo contamos esta historia.

13 de septiembre de 2026 Centro de Estudios Africanos Lectura: 6 min

Hace unas semanas, cerca de 80.000 personas cruzaron a pie la frontera entre Marruecos y Ceuta en apenas dos días. Los titulares hablaron de «avalancha», de «asalto», de «crisis». El Gobierno declaró la situación de interés para la Seguridad Nacional, movilizó un mando único, habilitó una explanada portuaria para más de mil personas y el propio Rey se reunió con la cúpula militar para examinar la situación «desde el punto de vista de la defensa».

Desde CEAF queremos hablar de otra cosa. No para negar lo que ha ocurrido —los datos son los que son—, sino para preguntarnos por qué seguimos contando esta historia con el mismo lenguaje de siempre. Porque el lenguaje no es neutro. Decide si vemos una frontera o vemos personas.

Los hechos, sin adornos

Entre enero y agosto de 2026, Ceuta registró más de cuatro mil entradas irregulares por vía terrestre, un incremento superior al cien por cien respecto al año anterior. A esa cifra hay que sumar lo ocurrido a finales de julio, cuando cerca de 80.000 personas cruzaron la frontera en apenas dos días. El Estado respondió con una ampliación de crédito de más de 44 millones de euros para atención humanitaria y con la creación de un mando único de coordinación.

+100%entradas irregulares por Ceuta en 2026 frente a 2025
~80.000personas cruzaron la frontera en dos días, a finales de julio
44,5M€movilizados en atención humanitaria

Son hechos. No los discutimos. Lo que discutimos es el relato que se construye encima de ellos.

El relato paralelo: el de la desinformación

Mientras esto ocurría, otra cosa se movía en paralelo: decenas de vídeos falsos, descontextualizados o directamente inventados. Imágenes de una romería religiosa en el Kurdistán turco presentadas como la llegada a Ceuta. Un vídeo grabado en Ciudad del Cabo haciéndose pasar por una escena migratoria europea. Un fragmento de una manifestación en Alcalá de Henares atribuido a una joven «ceutí» que ni es de Ceuta ni tiene relación con lo ocurrido este verano. Y el bulo más persistente de todos: que España habría llegado a un acuerdo para «entregar» Ceuta y Melilla a Marruecos, algo que el propio Ministerio de Exteriores ha desmentido de forma reiterada.

Quienes se dedican a verificar esta información, como Maldita.es, han tenido que publicar boletín tras boletín solo para desmontar lo que circulaba por WhatsApp y redes sociales. Esto no es un detalle menor: es la prueba de que, cuando no ofrecemos un relato propio, riguroso y humano, ese vacío lo llena el miedo, y el miedo siempre encuentra una imagen que lo confirme, sea verdadera o no.

Aprender de quienes llevan años haciendo este trabajo

Desde hace más de una década, la Fundación porCausa viene sosteniendo algo que en CEAF compartimos plenamente: el relato dominante sobre las migraciones se construye sobre binomios empobrecedores —nosotros y ellos, crisis y normalidad, invasión y control—. Frente a eso, han desarrollado lo que llaman una narrativa circular: no se trata de responder a la provocación del discurso de odio, sino de construir, con datos y con tiempo, un marco distinto desde el que mirar la realidad.

Ese trabajo da frutos que se pueden medir. La investigación periodística sobre lo ocurrido en la valla de Melilla en 2022 acabó documentando, junto a medios internacionales, al menos una víctima mortal del lado español: se llamaba Anwar, tenía 27 años, era de Sudán. Y los datos que durante años pusieron sobre la mesa sobre la aportación real de las personas migrantes a la economía española sirvieron de base, este mismo año, para la regularización extraordinaria de medio millón de personas.

Pero ese trabajo no ocurre solo desde los despachos ni desde el periodismo de datos. Ocurre también en la calle, todos los días, de la mano de quienes llevan décadas sosteniendo la acogida en primera línea. En Ceuta, la Asociación Elín trabaja desde 1999 defendiendo los derechos humanos de las personas migrantes y refugiadas. Este verano, mientras el debate público se llenaba de cifras de «entradas irregulares», Elín denunciaba algo mucho más concreto: personas de Sudán, Chad o Palestina durmiendo a la intemperie frente al CETI, sin acceso a alimentación, descanso digno o asistencia sanitaria, y sin información sobre cómo pedir protección internacional. Lo llamaron por su nombre: «una decisión política», no una fatalidad.

«Vivimos la diversidad como una riqueza.» — Asociación Elín

Elín no se queda solo en la denuncia. Su propuesta parte de una idea que en CEAF suscribimos: no hay verdadera acogida si no es mutua, si no reconocemos también lo que las personas migrantes aportan. Junto a Sur Acoge, CEAR, Red Acoge y el Servicio Jesuita a Migrantes, Elín impulsó este mismo verano una carta abierta firmada por más de 140 organizaciones de toda España para exigir una respuesta humanitaria digna en Ceuta. Ese es exactamente el tipo de trabajo sostenido, de base, que necesita acompañar a cualquier cambio de narrativa: sin quien sostenga a las personas en el terreno, el relato alternativo se queda en teoría.

Lo que Ceuta no es

Ceuta no es una anomalía ni una frontera improvisada del siglo XXI. Es el punto donde dos continentes que la historia colonial separó artificialmente vuelven a tocarse. Quienes cruzan esa frontera no llegan de la nada: huyen de conflictos, de la pobreza estructural que generaron siglos de extracción, de la falta de futuro en sus países de origen —muchos de ellos, países que en CEAF estudiamos, con los que trabajamos, cuya historia, cultura y realidad social conocemos de primera mano—.

Hablar de «avalancha» deshumaniza. Hablar de «crisis migratoria» sitúa el problema en las personas que se mueven, no en las causas que las empujan a moverse ni en las políticas que gestionan —o no gestionan— esa realidad.

Lo que proponemos

Desde CEAF no venimos a este debate con ingenuidad ni con eslóganes. Venimos con la convicción de que otra narrativa es posible porque ya se ha demostrado que funciona: contar con datos, no con imágenes virales; explicar el contexto histórico y económico detrás de cada cruce de frontera; nombrar a las personas, no reducirlas a cifras; y sostener este trabajo en el tiempo, sin esperar que un solo artículo o una sola crisis mediática cambien lo que llevan décadas construyendo el miedo y la desinformación.

La migración no es un problema que resolver. Es una realidad humana que gestionar con inteligencia, con humanidad y con memoria histórica. Ceuta no necesita más mandos únicos de emergencia. Necesita que, por fin, contemos bien su historia.

Migraciones Ceuta Desinformación Derechos Humanos
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